miércoles, 26 de abril de 2017

Antonio Gramsci, vida y tiempo de un revolucionario


Hace 80 años, el 27 de abril de 1937, fallecía Antonio Gramsci tras pasar diez tortuosos años en las cárceles de la Italia de Mussolini. Tenía 46 años y la salud de alguien de 90. Acababa de salir en libertad y planeaba pasar el resto de sus días en su querida Cerdeña, junto a su anciano padre y la parte de familia que aún vivía en la isla. Sin embargo, su cuerpo no aguantó más sufrimiento y murió en Roma antes de embarcar. Es en la Cittá Eterna donde reposan sus restos, en el cementerio protestante, última morada para extranjeros –sobre todo ingleses– y ateos irredentos que fallecen en la capital italiana. Gramsci no conocía Dios y a esas alturas de Historia el fascismo se había encargado de hacerle sentir extranjero en su propio país. A su entierro tan sólo acudieron dos personas, su hermano Carlo y su cuñada Tatiana.

A pesar del desamparo sufrido en sus últimos días, la figura de Antonio Gramsci no ha hecho más que agigantarse con el paso del tiempo, alzándose como uno de los teóricos más prestigiosos e influyentes que ha dado el marxismo heterodoxo. Así, y aprovechando los 80 años de su desaparición física, UDEMC se ha propuesto realizar dos artículos sobre el genio sardo. Este primero tendrá un tono biográfico y el segundo tratará de resumir y analizar su pensamiento político.

Obstáculos desde la infancia
Gramsci nació en Cerdeña el 22 de enero de 1891 en el seno de una familia de clase media. Su padre, Francesco "Ciccillo" Gramsci, provenía de una familia de militares de la Campania* y había iniciado estudios para abogado, lo que en aquella época te facilitaba un puesto de funcionario como la oficina del registro. La madre de Antonio, o Nino, como se le decía con cariño en casa, se llamaba Peppina Marcias y provenía de una familia de clase algo más baja, aunque leía con voracidad –cosa rara en una mujer entonces– y vestía bien, "a la europea", que se decía. Se casaron, tuvieron siete hijos entre 1884 y 1897 –siendo Nino el cuarto– y se establecieron en la pequeña localidad de Ghilarza, donde permanecieron para siempre. 

Pero, ¿cómo era el pequeño Nino? Las crónicas relatan que fue un bebé y un niño bello, de abundante cabello rizado claro y unos ojos azules que conservó toda la vida. Sin embargo, a los pocos años, su columna vertebral empezó a deformarse, surgiéndole una incipiente chepa en la espalda y un abultamiento en el pecho que marcarían su aspecto para siempre. Antonio no sobrepasará nunca el metro cincuenta de altura y vivirá lastrado por una salud casi siempre frágil.

Cuando Gramsci tenía nueve años, su padre fue condenado a cinco años de prisión acusado de desfalco en su oficina del registro. La verdad era que Ciccillo había mostrado su apoyo a una candidatura electoral no del gusto del establishment local, algo poco deseable en una isla en la que los caciques campaban a sus anchas y tomaban nota de quiénes eran sus oponentes políticos. Esta circunstancia marcará a Nino y a su familia, que vivirá tiempos de auténtica miseria. Ya de mayor, Gramsci agradecerá y admirará con fervor de hijo los enormes sacrificios que llevó a cabo su madre entonces, y siempre guardará con ella una relación especial.

La mala situación económica familiar obligará a Nino a aparcar los estudios –donde mostraba ya sus aptitudes intelectuales– y a trabajar en el catastro junto a su hermano mayor Gennaro. Dicha experiencia laboral, tan precoz y forzada, hará surgir en el chico Gramsci el sentimiento de injusticia social al ver cómo los niños ricos continuaban sus estudios con normalidad. A pesar de su fragilidad física, que favoreció siempre una cierta timidez, Nino fue un niño vital, al que le gustaba jugar, disfrutar de la naturaleza y que desarrolló desde bien pronto la pasión por la lectura.

El pequeño Nino
Comienzo de politización: el sardismo
A principios de siglo XX, Cerdeña está que arde. La que parecía una isla marginada y con características sociales y económicas del agrario Mezzogiorno** empieza a albergar a pequeños grupos de obreros socialistas en las minas de Buggerru, donde las condiciones de trabajo y vida son inhumanas. Será allí donde tendrá lugar en 1904 una terrible represión que dejará tres muertos y once heridos. Fue el principio de una serie de protestas populares espasmódicas y tendentes al caos y al vandalismo, fruto ésto de la inexistencia de formas de organización obreras avanzadas como las que había en el norte industrial.

En la primavera de 1906, la tensión aumentó nuevamente debido a la indiferencia de los gobiernos centrales ante las peticiones de las masas empobrecidas de la isla. Los gobernantes italianos de aquella época podían asimilarse a los de la Restauración española, mezcla de conservadores y liberales. Miles de soldados venidos de la Italia continental darán a Cagliari el aspecto de una ciudad sitiada, caldo de cultivo inmejorable para el surgimiento del sardismo, ideología regionalista que rechazaba la situación de sometimiento que sufría Cerdeña a manos de los gobiernos centrales. Esta ideología relajaba las tensiones de clase en el interior de la isla y caló en muchos sardos, incluido el joven Gramsci.

Tras la salida de prisión de su padre, Nino retomó sus estudios, esta vez en Cagliari, preparándose para una futura carrera universitaria. Vivirá con su hermano Gennaro, quien ya politizaba a su hermano pequeño cuando le enviaba desde el servicio militar en Turín ejemplares de publicaciones socialistas. Estas dos vertientes, el socialismo marxista y el sardismo, marcarán el pensamiento de Gramsci en aquellos primeros años de acercamiento a la política. Además, será entonces cuando hará sus primeros pinitos como periodista trabajando como corresponsal rural para el periódico de un profesor con el que se profesaba una admiración mutua.

Situación de Ghilarza, pueblo natal de Gramsci.
1911 es el año del cenit del sardismo para el joven Antonio Gramsci, que malvive en Cagliari en condiciones económicas paupérrimas, inconveniente que se hará crónico en toda su época de estudiante, tal y como atestigua la correspondencia que Nino mantenía con su familia suplicándole mayor apoyo. Una epidemia de meningitis devastaba por entonces Cerdeña ante la pasividad continental, lo que popularizará el grito sardo de "Al mar con los continentales", al que el propio Gramsci se suma con su singular pasión. Aunque es también en ese año cuando se puede leer sus primeros textos de influencia marxista:
La revolución francesa abatió muchos privilegios, liberó a muchos oprimidos, pero no hizo más que sustituir el dominio de una clase por otra. (...) La humanidad tiene necesidad de un nuevo bautismo de sangre para cancelar muchas de estas injusticias.
De esta manera, con un importante sentimiento anti-continental y el marxismo incubado en algún lugar de su cerebro, será como el joven Antonio llegará a Turín. Allí estudiará gracias a una beca de la que también se beneficiará otro joven sardo al que Gramsci no conoce aún y que responde al nombre de Palmiro Togliatti, que algún día se convertirá en el secretario general más duradero del Partido Comunista Italiano (PCI).

Turín: años de formación y penurias
Gramsci pasó algunos de los peores momentos de su vida durante los primeros tiempos de su andadura como estudiante en Turín. Matriculado en la Facultad de Letras, en la sección de Filología Moderna, muy pronto empezó a ganarse el cariño de los profesores lúcidos que ya vislumbraban la inmensa inteligencia y el gran potencial de lingüista que atesoraba el joven Antonio, especializado en investigar la lengua sarda. Sin embargo, la miseria, el frío, la desnutrición en la que vivía acabó afectando su frágil salud, provocándole horribles dolores de cabeza y otros síntomas. "Durante meses dejé de hablar; cuando hablaba, equivocaba las palabras", escribió Gramsci sobre aquellos momentos.

De hecho, llegó a recibir un permiso para no presentarse a ciertas rondas de exámenes, tiempo durante el cual se le recortaba la subvención de setenta liras mensuales que apenas le daba para vivir. Llegado el momento de examinarse, Gramsci solía sacar con buenas notas dichos compromisos, pero la escasez de recursos amenazaba con incapacitarle definitivamente para esfuerzos intensos como el estudio o el trabajo. Desde Cerdeña, su familia no era capaz de ayudarle mucho, pues el sueldo del padre apenas daba para mantener las bocas que todavía vivían en el nido familiar.

La mala salud le impedía cultivar mejor las pocas amistades que mantenía en la industrial ciudad del norte de Italia. Sin embargo, esos contactos acabarían siendo a la postre decisivos en el trascurrir de la vida de Gramsci. Además de acercarse al otro joven sardo de apellido Togliatti, no muy ligado a la política por entonces, Antonio se hará amigo de Angelo Tasca, de un año menos que él, que manifestaba un notable interés en el socialismo. Aunque el sardismo todavía impregnaba enormemente su pensamiento político, el joven Gramsci ya apuntaba hacia ideas de izquierda. Como escribiría Togliatti sobre el Antonio de aquella primera época turinesa:
Cuando vino de Cerdeña, Gramsci ya era socialista. Quizá lo era más por el instinto de rebelión del sardo y por el humanitarismo del joven intelectual de provincias que por la posesión de un sistema de pensamiento completo.
El pensamiento de Antonio a principios de su estancia en Turín todavía estaba marcado por el filósofo Benedetto Croce (1866-1952), que le dejaría el poso de ligero idealismo que convertiría al Gramsci pensador en un marxista heterodoxo. El Partido Socialista Italiano (PSI), al igual que otros partidos socialdemócratas europeos entonces, poseía una visión positivista que confiaba en que el futuro pertenecía sí o sí a los obreros, inculcando un espíritu conformista y de cierto desprecio a la Italia del sur en la clase obrera del norte. Evidentemente, Gramsci aborrecía de dichas influencias criticando el economicismo del PSI y el regionalismo de los campesinos de Mezzogiorno.

Con la invasión a Libia como trasfondo, 1913 causó un fuerte impacto en Gramsci, que cumplía 22 años. De un lado, en Turín, obreros de la industria automovilística (Fiat, Lancia y Spa) iniciaron una victoriosa huelga de casi cien días; por el otro lado, Cerdeña vivió las primeras elecciones por sufragio universal de su historia. Ver a las masas sardas participando en política, el crecimiento del PSI y la actitud de las clases propietarias locales, que habían hecho las paces con el Gobierno y centraban sus ataques sobre los socialistas, acabó virando el pensamiento de Gramsci hacia una adhesión definitiva al socialismo marxista. Abandonaba en gran medida el sardismo como ideología primordial y regresaba a Turín con vistas a afiliarse al PSI.

Factoría de Fiat en Turín.
Inicios en el PSI y en el periodismo
Para 1914, y según su camarada Angelo Tasca, Gramsci ya es un activo militante del PSI. Pero algunas cosas siguen sin cambiar en su vida. La pobreza sigue maltratando su salud física y mental. Una aguda crisis nerviosa le apartará definitivamente de los estudios en la primavera de 1915, momento tras el cual se dedicará exclusivamente a la política y al periodismo. Precisamente ha empezado a escribir en una publicación llamada Il Grido del Popolo a la vez que lee la publicación referencia del socialismo italiano Avanti!, dirigida por un tal Benito Mussolini.

Corrían años violentos en Europa. La Primera Guerra Mundial iniciada en 1914 desangra a los pueblos europeos y despierta a la burguesía de sus sueños de La Belle Époque. Las esperanzas del liberalismo y del positivismo se pudren en los campos de guerra franceses, en las trincheras malolientes y en las masacres industriales que por primera vez practican las potencias europeas. Las socialdemocracias, borrachas de nacionalismo, son las primeras que se sitúan al servicio de sus patrias votando a favor de la guerra. Los muertos los pondrán las clases populares enviadas a la carnicería. No será exactamente el caso de Italia. El país transalpino no se se sumará a la guerra hasta avanzado 1915 y a ello se opondrá el PSI, partidario de la no intervención. Mussolini, que ya empieza a mostrar su verdadera catadura moral, escribirá a favor de la guerra, lo que le costará ser expulsado del entorno socialista.
Es durante la guerra cuando surge el Gramsci periodista, siendo reconocido como la revelación del periodismo socialista del momento. En su estilo de escritura hay algo de la mayéutica socrática, un alto componente pedagógico y una ironía mordaz que le caracterizará por largo tiempo. En su sección Sotto da Mole realiza crítica teatral y social, trascribe sus pensamientos y ensaya panfletos. Todavía no se sabe si Gramsci está preparado para ser un gran líder político, pero ya se advierte su talento a la hora de pensar y hacer pensar. Su labor de educador se extiende a las conferencias que imparte y a una costumbre que se acabará convirtiendo en un rasgo de Gramsci: los paseos nocturnos que da junto a adolescentes socialistas en los que reflexiona sobre política, cultura, arte... El todavía joven Gramsci empieza a levantar cabeza tras años tan duros.

A finales de 1917, algo estremece al mundo. En la Rusia zarista, un grupo de intrépidos políticos bolcheviques encabezan la primera revolución proletaria de la Historia. Un hecho sin precedentes que fascina a Gramsci, cuya generación de socialistas italianos empiezan a distanciarse de la facción más reformista del PSI. La Revolución Rusa inspirará al movimiento obrero de Turín a alzarse construyendo barricadas en protesta por la carestía de pan y la sangrienta guerra mundial. El lema es de una claridad meridiana y algo inocente: "Hacer lo mismo que en Rusia". La durísima represión causa 50 muertos y 200 heridos. El gran número de detenidos entre los dirigentes socialistas de la ciudad permitirá a Gramsci ocupar por primera vez un cargo político al formar parte del comité provisional.

El 24 de noviembre de 1917, Gramsci firmará el editorial de la edición nacional de Avanti! con el polémico nombre de La revolución contra El capital, en alusión a la obra de Marx. En él, el político sardo ajusta cuentas contra ciertos dogmatismos del marxismo ortodoxo criticando las visiones deterministas, mecanicistas y positivistas tan en boga en el movimiento socialista de la época. Y es que algunas voces criticaban el exceso de audacia de aquellos bolcheviques y de su líder Lenin, que osaban contradecir al propio Marx al no permitir consolidarse a la frágil democracia liberal-burguesa surgida tras la revolución de febrero del 17. Básicamente, Gramsci reivindicaba, en un tono voluntarista y algo idealista, la capacidad de los bolcheviques de hacer cambiar la Historia mediante la acción del hombre, saltándose las etapas previstas por los manuales marxistas y sin esperar a que las transformaciones vinieran sólo por la evolución de los hechos económicos y las condiciones materiales.

Los años de L'Ordine Nuovo y la radicalización
Tras la contienda mundial, imbuidos del espíritu revolucionario soviético, los obreros de toda Europa se lanzan a una oleada de movimientos de carácter más o menos revolucionario. Los más importantes de ellos, todos fracasados, fueron la revolución espartaquista alemana liderada por Rosa Luxemburgo, la revuelta socialista de Baviera y la efímera república soviética de Hungría. Incluso en España se vivieron luchas obreras de extrema dureza. En el caso italiano, tuvo lugar el biennio rosso o bienio rojo, y su epicentro fueron las fábricas de automóviles de Turín.

Los cuatro fundadores de L'Ordine Nuovo: Gramsci y la triple T
A finales de 1918, Il grido del Poppolo, donde escribía Gramsci, deja de publicarse, dando paso a un nuevo semanario que el propio Gramsci fundará junto a sus compañeros socialistas, las tres Ts: Togliatti, Tasca y Terracini. La publicación se llamará L'Ordine Nuovo y se convertirá en la referencia periodística de las oleadas del movimiento obrero turinés, casi siempre más avanzado que el del resto de Italia. Ya a finales de 1917, Gramsci había escrito y publicado su primera obra de pensamiento importante, el folleto de cuatro páginas llamado La Cittá Futura. Se estaba forjando el Gramsci pensador.

Por entonces, y usando como referencia a la Revolución Soviética, Gramsci busca posibles paralelismos entre su país y Rusia, entre la manera de organizarse de los obreros turineses y los de San Petersburgo. En el contexto de las movilizaciones obreras del bienio rojo, Gramsci advierte que el equivalente italiano de los soviets rusos –consejos obreros– son las comisiones internas, organizadas por los obreros sindicalizados. Su propuesta es que los consejos de fábrica estén formados también por obreros anarquistas y católicos. El nulo anticlericalismo será una constante en la teoría y praxis gramscianas. En cierta medida, Gramsci opina que estos consejos tendrían una función ofensiva, de apropiación de poder desde abajo, mientras que los sindicatos poseen una naturaleza defensiva. Muy pronto, los ordinovistas serán bien acogidos por los obreros más politizados, que les invitarán a las fábricas para realizar charlas y celebrar asambleas.

A principios de septiembre de 1919, tras un verano de intensa propaganda, empezaron a formarse los primeros consejos de fábrica en las industrias de Fiat. George Sorel, veterano sindicalista francés y filósofo, aplaudió con entusiasmo diciendo que "la experiencia que se está realizando en las fábricas de la Fiat tiene más importancia que todos los escritos publicados bajo los auspicios de Neue Zeit***", en un claro desprecio hacia los socialdemócratas alemanes y, por ende, hacia los sectores más derechistas del PSI, que veían a los ordinovistas como unos anarcosindicalistas exaltados.

La tensión entre sectores del socialismo italiano, que empezaba a ser palpable, se atisbó en las primeras elecciones de la posguerra, celebradas en noviembre de 1919. Del 5 al 8 de octubre, se celebró un congreso en la ciudad de Bolonia, en la Emilia Romagna. De las tres corrientes principales que había en el seno del PSI, todas ellas manifestaron su adhesión a la recién nacida Tercera Internacional creada por la URSS. Entonces, ¿en qué se diferenciaban las tres corrientes?


En la izquierda del todo, procedente de Nápoles, el volcánico Amadeo Bordiga lideraba a los abstencionistas, contrarios a participar en procesos electorales. Además, defendían la expulsión de los sectores reformistas, liderados por Turati, y eran partidarios de cambiar el nombre del partido para denominarse Partido Comunista. En medio de las dos corrientes mencionadas aparecen los maximalistas, cuya cabeza reconocible es Serrati, partidarios de participar en las elecciones y mantener la unidad del bloque socialista. Además, los maximalistas entendían que la violencia era legítima para enfrentarse a las violencias burguesas.

El grupo de L'Ordine Nuovo se había acercado al bloque de Serrati, aunque, en líneas generales, todavía eran unos marginales y sus intentos por organizar las revueltas de los consejos de fábrica eran incomprendidos por las tres corrientes, cuando no despreciados. Como dijo Serrati en esa línea con la retórica radical que caracterizaba a los maximalistas: "La dictadura del proletariado es la dictadura consciente del PSI". Fue el propio Serrati el gran vencedor del congreso mientras que los abstencionistas de Bordiga quedaron en franca minoría. Así, los ordinovistas de Gramsci acabaron acercándose un poco a los bordiguistas, a pesar de que los turineses no descartaban la participación electoral. Se estaba gestando el futuro PCI.

Fracaso del bienio rosso y ruptura del PSI
1920 es un año clave para Turín y el movimiento consejista que la industria de la ciudad había engendrado. En abril, hasta 500.000 obreros del Piamonte llegarán a estar en huelga, pero el movimiento quedará aislado en esa región y pocos en Italia seguirán su ejemplo. El propio PSI, que tenía previsto celebrar su Consejo Nacional en Turín, decide organizarlo finalmente en Milán, gesto simbólico de la incomprensión que los ordinovistas generaban en el resto de socialistas.

La lucha obrera de la primavera del 20 acabará en unas tibias mejoras laborales para los obreros de la región, que se sienten amargamente derrotados. En el propio grupo turinés se hacen patentes las divergencias. En el I Congreso de la Cámara de Trabajo celebrado en Turín serán aprobados los informes de Angelo Tasca, contrarios a los del resto de ordinovistas. Pocos meses después, Tasca dejará de escribir en el L'Ordine Nuovo. En pocos meses, la acelerada y tensa situación política y social ha dividido al movimiento socialista, le ha hecho acobardarse ante el empuje de los obreros turineses –afiliados sentimentalmente al anarcosindicalismo– y amenaza seriamente con escindir al PSI de manera abrupta. El esquema de abajo trata de resumir esta caótica situación:


En agosto, el sector de Togliatti y Terracini se hará mayoritario en Turín siendo nombrado el propio Togliatti jefe de sección.  Un último intento de movilización obrera en otoño de ese año 1920 unirá por momentos a las corrientes turinesas, pero su fracaso hará volver a crujir la ya frágil unidad, ante el deleite de la reacción burguesa, que se frota las manos y prepara el contraataque. Los fascistas, engendros ideológicos que han servido como matones durante el bienio rojo para atemorizar a los obreros, empiezan a tomar fuerza política liderados por el abyecto Mussolini. El clima de violencia anti izquierdista será una constante en Italia por décadas.

La III Internacional parece apoyar la escisión de los comunistas del PSI, a la vez que aclama los informes que presentan lo acontecido en los movimientos consejistas de Turín defendidos por Gramsci. Este espaldarazo no esconde que en un futuro PCI serían los bordiguistas los mayoritarios, algo de lo que Moscú desconfía por el izquierdismo visceral y ardiente del propio Bordiga. Así se llegará al Congreso del PSI de Livorno en enero de 1921. Los reformistas de Turati quedarán en franca minoría (15.000 votos) mientras que los comunistas serán segundos (casi 60.000 votos) por detrás de los ahora denominados "comunistas unitarios" de Serrati, partidarios de la unidad a ultranza, que obtienen 93.000 votos. Los comunistas puros se ven con fuerza y, en esa misma localidad portuaria de la Toscana que es Livorno, fundarán el PCI el 21 de enero.

Ascenso del fascismo y crisis del PCI
L'Ordine Nuovo se convierte en la publicación diaria y oficial del PCI recién nacido. Gramsci será el director percibiendo un sueldo inimaginable para el propio Antonio años antes. Ni más ni menos que 1100 liras mensuales. Muy pronto, Gramsci, cuyo hermano Mario se ha hecho fascista, avisa de los peligros del fascismo, algo que muchos comunistas descartan al considerar a las hordas de Mussolini un simple invento de la burguesía para violentar la escena política. En abril de 1920, los fascistas serán blanqueados al ir a las elecciones junto con la mayor parte de la derecha en un "bloque de orden".

Mientras, Gramsci es enviado como representante italiano de la Internacional a Moscú. Su salud sufre una importante crisis al llegar por lo que es internado en un sanatorio donde conocerá a Julia, el amor de su vida que se convertirá en la madre de sus hijos. Desde Italia llegan noticias nefastas ya que los comunistas, que se niegan a acercarse al PSI contradiciendo a la Internacional, están siendo aislados y detenidos. En octubre de 1922 tiene lugar la Marcha sobre Roma de los fascistas de Mussolini, al cual el impresionable rey Víctor Manuel pedirá que forme gobierno. Nada volverá a ser como antes en Italia.

Mussolini rodeado de camisas negras en la Marcha sobre Roma
Gramsci, que ha pasado ya de los 30 años, se ve obligado a abandonar a su querida Julia y marchar a Viena, desde donde seguirá de manera segura los acontecimientos que suceden en su país. En Austria, una carta de Julia insinúa estar embarazada, lo que entusiasma a Gramsci. En esta época, y leyendo su correspondencia, se ve a un Gramsci desbordado emocionalmente por lo que rodea su vida. En el plano familiar, la felicidad por amar y saberse amado por Julia sufre por la lejanía física con ella; y en el plano político la situación es dramática para el PCI.

Bordiga, en un arranque mezcla de disparate y demencia, ha propuesto salirse de la Internacional, que sigue sin comprender la obcecación del izquierdista napolitano en no formar un frente obrero con el PSI. Incluso entre sectores diferentes internacionalistas como los de Tasca y Togliatti hay conflictos. Pareciera que la reciente muerte de Lenin hubiera hecho saltar por los aires la unidad del movimiento comunista, especialmente si vemos lo que ocurría en la URSS en aquella época, donde empezaban las primeras discusiones en el seno de los bolcheviques, personificadas por Stalin y Trotski.

Dos años después de su salida de Italia, en 1924, Gramsci regresa a su país con vistas a presentarse a las elecciones. El insomnio y la mala salud seguían lastrando su vida, por lo que debe, parafraseando al propio Gramsci, hacer uso máximo de esa voluntad gramsciana que había tirado tantas veces de su frágil físico.

Crisis final de la democracia
Visto en perspectiva, se puede decir que Gramsci llegó a Roma para ser devorado por el monstruo que la derecha de Italia llevaba incubando años. El monstruo del fascismo, unido a la derecha tradicional, había arrasado en las elecciones y se preparaba para liquidar lo poquito que quedaba de democracia en el país transalpino. En muy poco tiempo, tuvo lugar una sucesión de hechos que facilitaron la implantación del régimen fascista.
El diputado socialista Giacomo Matteotti.
A principios de junio de 1924 fue secuestrado y asesinado el diputado socialista Matteotti a manos de los escuadrones fascistas, ya en clara sintonía con las fuerzas de seguridad del Estado. Empezó entonces la última gran reacción del pueblo italiano contra el fascismo. Además de las numerosas protestas populares que hicieron perder por momentos el control de la calle a los fascistas, los diputados antifascistas abandonaron el Parlamento formando uno nuevo llamado Aventino. Sin embargo, no se conseguirá derribar a Mussolini.

En agosto, dos sucesos marcarán la vida de Gramsci: el día 10 será padre de un niño llamado Delio que nace en Moscú pesando 3,5 kg y el día 13 será elegido secretario general del PCI, un partido que, tras desprenderse del incómodo e irreductible Bordiga, había llegado a los 25.000 militantes. Gramsci, a pesar de situarse en las antípodas teóricas de Bordiga, había sentido siempre un gran respeto por el napolitano, un hombre de carácter, carisma y valentía casi suicida.

En medio de un clima de creciente represión, Gramsci inicia una serie de viajes para reorganizar el partido. En uno de ellos, que le llevará a su casa de Cerdeña, se reunirá con su familia y abrazará a su querida madre sin saber que será la última vez. También viajará a Moscú, donde conocerá a su hijo. Por fin, el pequeño Delio se convertía en "un niño vivo y real y no una leve impresión en una cartulina fotográfica", como escribió con ternura Gramsci, cuya gran calidez humana se siente en sus cartas y en los testimonios de quienes le conocieron. Un rasgo atípico en los dirigentes políticos –y especialmente en los comunistas–, acostumbrados a ser duros y descarnados.

La altura moral y política de Gramsci se descubrirán en sesión parlamentaria cuando critique la Ley contra la masonería, con la que Mussolini intentaba sustituir a los burócratas masones por burócratas fascistas. El propio Mussolini se quedará un tanto perplejo ante el arrojo de ese hombre frágil e inteligente. "Il Duce" llegó a ofrecerle la mano en gesto de admiración tras el discurso, gesto rechazado por el pequeño sardo. Para entonces, y ante el estancamiento práctico del Aventino, el PCI había vuelto al Parlamento para hacer más notorias sus intervenciones ante la dictadura que se estaba imponiendo en Italia.

En medio de esta hecatombe política, Gramsci encuentra unos meses de felicidad al reunir en Roma a su familia. Es finales de 1925 y el PCI se retuerce de dolor por culpa del fraccionismo que llevan a cabo los bordiguistas, que serán completamente derrotados en el III Congreso del PCI en  Lyon. El partido se halla en la clandestinidad, por lo que debe organizar el congreso en el extranjero y debe disimular las reuniones en el interior disfrazándolas de reuniones de montañeros y senderistas. Gramsci todavía confía en su inmunidad como parlamentario, pero la verdad es que su permanencia en Italia parece un acto de un militante sin temor a la muerte. Ya un año antes había sido detenido Togliatti y los socialistas reformistas de Turati habían sido ilegalizados. La ascensión total del fascismo se iba haciendo irreversible.

El clima represivo es tal que se decide que Julia, quien está embarazada de su segundo hijo, regrese a Moscú junto a Delio. En agosto de 1926, Gramsci jugará por última vez con su hijo en Bolzano, antes de que éste cruce la frontera. Julia dará a luz a Giuliano en la URSS el 30 de agosto.


Enfrentamientos en el PCUS y en el PCI
Semanas antes de la detención, Gramsci había empezado a escribir un breve ensayo sobre la cuestión meridional dando inicio a su etapa de ensayista que tanto cultivará en la cárcel. Sin embargo, nada parecía más importante entonces que lo que ocurría en la URSS. Allí, el movimiento comunista soviético se resquebrajaba en disputas internas. Stalin, que ejercía ahora de secretario general del PCUS, se había aliado inicialmente con Zinoviev y Kamenev para atacar a Trotski, pero luego se acabó aliando con la derecha del partido representada por Bujarin y nuevos representantes como Kalinin y Molotov para atacar a Trotski, Zinoviev y Kamenev. Ya sabemos cómo acabaron los adversarios del líder georgiano, que iniciaba el proceso de convertir la URSS en una autocracia.

Desde Italia, Gramsci y casi todos los comunistas se mostraban favorables a las tesis de Stalin, que bien podrían ser consideradas las más pragmáticas de las que se exponían en el PCUS. La revolución permanente, la exportación de la revolución a otros países o el cierto idealismo que desprendía la concepción troskista de las relaciones de clase en el seno de la URSS no parecían las mejores ideas para implantar en un país tan enorme y contradictorio como era la URSS entonces. Sin embargo, Gramsci muestra preocupaciones con respecto a la posible ruptura dentro del PCUS valorando el talento de Troski, Kamenev y Zinoviev:
Los camaradas Trotski, Zinoviev y Kamenev han contribuido poderosamente a educarnos para la revolución, nos han corregido, han sido nuestros maestros. Queremos estar seguros de que la mayoría del Comité Central del PCUS no abuse de su victoria en la lucha y esté dispuesto a evitar medidas excesivas.
El texto pertenece a una carta que Gramsci envió a la URSS en representación del PCI y revela algo curioso y triste. Gramsci, tan inteligente para algunas cosas, no percibe las dimensiones del cisma del PCUS. Cree que la perla del movimiento comunista mundial, ese partido venido de los cielos que era entonces el PCUS, mantendría la unidad, algo a priori deseable por todos. Sin embargo, la ruptura era inminente y extremadamente violenta. Se iniciaba el fenómeno del estalinismo, algo a lo que Gramsci no tendría que amoldarse, pero que sí hicieron muchos comunistas. Por ejemplo, Togliatti, el pragmático sardo que había huido a tiempo de Italia, no mostraba fisuras en su apoyo a Stalin y se convertirá en un agente de la Internacional estalinista durante muchos años. La correspondencia entre los que habían sido camaradas y amigos terminará cuando Togliatti le reproche el tono de la carta arriba mencionada. No volverán a comunicarse.

Mientras, en Italia la represión se recrudece. Mussolini, con ayuda del rey Víctor Manuel, decide suprimir las garantías constitucionales y disolver todos los partidos políticos. Gramsci, que había tratado de salir del país en dos ocasiones sin éxito debido a la extrema vigilancia que las fuerzas de seguridad ejercían sobre él, es detenido el 8 de noviembre de 1926. Comenzaba el calvario de Gramsci.

Encarcelar a una inteligencia
Tras la detención, Gramsci es enviado a la cárcel de Ustiga, donde coincide unas semanas con Bordiga para posteriormente ser trasladado a Milán en un viaje que empieza a minar su salud. En su correspondencia, hace notar el alejamiento de su amada Julia, que también atraviesa por malos momentos de salud en la URSS, por lo que se acerca a su cuñada Tatiana, que vive en Italia. Tatiana será su mejor amiga y confidente en lo que le queda de vida. Las autoridades fascistas interrogan y presionan a Gramsci de mil maneras pero no consiguen doblegar el empeño del todavía secretario general del PCI.

Llegada la primavera de 1928, Gramsci es juzgado junto a otros camaradas como Terracini en un proceso amañado que cumple los cánones de ese fascismo que ya es patente en toda forma de institucionalidad del estado italiano. Para la Historia quedará la frase del fiscal que, refiriéndose a Gramsci, dijo: "Hemos de impedir que este cerebro piense durante veinte años". Y así fue. Gramsci y los demás fueron condenados a veinte años.

Gramsci será enviado a Bari, al sur de Italia. Al poco de llegar, un informe revela su pésimo estado de salud: ha perdido doce dientes. Para más inri, el médico de la prisión, un fascista que parece no conocer el juramento hipocrático, le desea abiertamente la muerte. Afortunadamente, Gramsci obtendrá el derecho a escribir en la celda y a recibir algunos libros dando paso a los escritos que hoy conocemos como Cuadernos de la cárcel, su gran legado como pensador. Será en un posterior artículo sobre el pensamiento gramsciano cuando profundicemos en el contenido de estos escritos, que tratan temas variados como el arte, la cultura, el estado y otros elementos de la superestructura en general.

Fuera de la cárcel, persiste la situación crítica del movimiento comunista. En la URSS, Stalin ha fulminado a Bujarin y su ala derechista mientras la III Internacional llama a romper con la socialdemocracia, a la que califica de socialfascista. Togliatti, que es ahora el nuevo secretario general, se entrega por completo a la línea marcada por la URSS, por lo que expulsa a su otrora camarada Angelo Tasca.

Una de las últimas fotos de Gramsci muy deteriorado por su estancia en prisión.
Últimos años
Al calvario físico de Gramsci se le suma una sensación de soledad que le deja abatido durante largas temporadas. Continúa el alejamiento de Julia, que apenas le escribe unas cartas inconexas y frías quedando como únicas personas de confianza Tatiana y a su hermano Carlo, que se mantendrán junto a Gramsci en la medida de sus posibilidades. Incluso camaradas del partido encerrados en la misma prisión empiezan a desconfiar del debilitado ex secretario general que no hace más que escribir y pensar.

Iniciado el año 1931, duerme de media dos horas al día pasando muchas noches de insomnio debilitando así su salud mental. Su carácter, tan bondadoso siempre, se le empieza a agriar, incluso en su trato con su cuñada Tatiana. En agosto de 1931 sufre una hemoptisis, le sangran los pulmones y pierde mucha sangre. Su estado lamentable inspira una campaña internacional para su liberación y se rumorea que puede ser amnistiado o intercambiado por el gobierno de Mussolini en un trato con la URSS, pero dichos intentos no prosperan.

Mantiene cierto contacto con su casa de Cerdeña, pero no tanto como a él le gustaría. De hecho, su familia le ocultará el fallecimiento de su querida madre en 1932, por temor a que Nino pueda sufrir un deterioro irreversible para su salud. La misma correspondencia de la época nos muestra a un Gramsci que acepta que su final está cerca. Entrañable resulta leer la carta en la que, de una manera disimulada pero tierna, abre la posibilidad a Julia para que rehaga su vida con otra persona.

En 1933, su estado es irreversible. Apenas le quedan dientes, padece tuberculosis y arterioesclerosis, mal de Pott y abscesos. Se le reduce la condena gracias al décimo aniversario del gobierno fascista y el propio régimen le ofrece libertad condicional si le pide la gracia a Mussolini, a lo que Gramsci se niega. A pesar de cierto deterioro mental, Gramsci conserva su orgullo para no mendigar al fascismo y su voluntad para seguir escribiendo los cuadernos. Además, en 1934 consigue por fin ingresar en una casa de curas bajo la vigilancia de la seguridad del Estado. Un alivio para su maltrecha salud, que se estabiliza un poco.

Ya a mediados de 1935 le trasladan a una clínica en Roma, donde Gramsci se va consumiendo hasta que le conceden la libertad en 1937. Había hecho planes para volver a Cerdeña junto a su familia y su padre para pasar tranquilamente lo que le quedara de vida. Sin embargo, Nino murió el día 27 de abril de 1937 en Roma. Al enterarse, su padre, ese anciano al que le habían quitado casi todo en la vida y que había ignorado en gran parte la carrera e ideas políticas de su quebradizo Nino, rompió años de silencio para gritar bien alto contra los verdugos de su hijo: "¡Asesinos, me lo han matado. Asesinos, me lo han matado!". Francesco Gramsci murió dos semanas después, no sin antes haber releído la carta que su chico había escrito a la madre en 1928.
Quiero que no te asustes ni te inquietes, cualquiera que sea la pena a que me condenen. Quiero que comprendas bien, incluso sentimentalmente, que soy un detenido político, que no tengo que avergonzarme de mi situación. Que por mis opiniones estoy dispuesto a dar la vida. Querida mamá, quisiera poder abrazarte muy estrechamente para que sintieses lo mucho que te quiero y para consolarte por el disgusto que te he dado; pero no podía actuar de otra manera. La vida es así, muy dura, y a veces los hijos tienen que dar grandes disgustos a sus madres si quieren conservar su honor y su dignidad.
Un joven Pier Paolo Pasolini rinde homenaje a Gramsci  en el cementerio protestante de la ciudad de Roma.

Notas                                                                                                                                                         
* Campania: región del sur de Italia cuya capital es Napolés.

** Mezzogiorno: macrorregión que agrupa las zonas sureñas de Italia más las islas de Sicilia y Cerdeña caracterizadas por un importante subdesarrollo en comparación a las regiones del norte del país.

*** Neue Zeit: Publicación teórica de la socialdemocracia alemana donde escribieron los grandes teóricos del momento como Karl Kautsky o el austríaco Otto Bauer.

1 comentario:

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